jueves, 6 de enero de 2011

Pobre Hegel en su tumba, la bufonada de la década: Zeitgeist.





Me acabo de ver un falso documental (o tal vez una película de ciencia ficción, no sé cuál será el rótulo que más les gustaría a quienes la hicieron, en todo caso sólo pueden escoger entre esos dos). Se llama: “Zeitgeist” (sí ya sé, ...,  es vieja). De tanto navegar fui a dar con esta cosa (es fácil encontrar el link en google video para el que la quiera ver, pero me niego a ponerlo aquí, me daría un poco de vergüenza). Aclaremos que nada tiene que ver con el espíritu de la historia de la filosofía hegeliana... o al menos no existe ningún vinculo serio entre lo uno y lo otro.
Es una película de estas que habla de la teoría de la conspiración, los tipos ricos de Bilderberg, las reuniones francmasónicas que se celebran desde finales del Jurásico para gobernar mi vida, tu vida y la de tu perro (con una terquedad asombrosa a través de los milenios), la iglesia conspiradora (como si no fuera abiertamente grotesca)  y esas cosas que tan rentables son por estos días . Bueno, hasta ahí todo bien, a veces estas parodias estilo Código da Vinci son divertidas, así que me la vi.
La primera parte es una “desenmascaración” del cristianismo... humm...no, no lo es, eso es sólo lo que pretende. ¡baj! no hay que ser cristiano para saber que o está mal hecha intencionalmente, o quién la hizo en sólo quería vender una idea propagandística,  o que en realidad pude haber gente muy falta de talento y de cerebro con recursos ociosos (o lo que me temo, una mezcla de las anteriores) . No sé mucho de mitología egipcia, pero sí algo de mitología griega, y eso de comparar a Dionisio con Jesús y con el dios del sol (que vendría siendo más o menos Apolo por derecho propio, ¡justo la antítesis de Dionisio según Nietzsche!), resulta francamente insultante... lo anterior para poner un ejemplo, pero está lleno de “errores” y mentiras a borbotones. La primera parte me decepcionó, y eso que ya vengo predispuesto a creer todo lo anticristiano que me digan. Es una basurita. 
Aclaro, por si las moscas, que no soy cristiano, ni mucho menos judío (¡!), pero esa posición atea tan de moda por estos días, me imagino que inspirada en la postura ateo-fundamentalista de Richard Dawkins, tampoco es mejor que la de los cristianos que salieron a contradecir Zeitgeist con flacos argumentos, que parecían, esos sí, destinados a minar las bases de las religiones judeo-cristianas. Eso de que la “probabilidad” de que no exista un creador es my alta, ¿qué significa? ¿de cuánto es? ¿del 80%, o del 40%, o del 98%?, ¿utilizamos los teoremas del límite central? ¿o los resultados no son asintóticos?, ¿la muestra es grande o pequeña?, ¿cómo puedo calcular una probabilidad de algo que no tiene eventos?; por otra parte ¿desde cuándo en lógica se prueban negativos?, hasta dónde recuerdo no puedo probar que NO hay cerdos verdes, aunque lo intuya, a menos que repase cada resquicio del universo buscándolos y aun así nada garantiza que no estén escondidos en un lugar en donde mi limitada visión me traicione. Involucrar la probabilidad en el debate filosófico de la existencia de Dios es una payasada, que demuestra la falta de comprensión de ésta y una grave falta de razonamiento lógico, tan seudo científica como la de quien afirma sin pruebas (obviamente) la existencia de Dios (al menos los segundos no pretenden hacer ciencia, esa es la ventaja de fe). 
La segunda parte de la película me gustó más, era la idea recalentada hasta la saciedad de que el 9-11 fue “made in USA”, lo cual es más o menos evidente, por no decir que es una perogrullada,..., y lo de que Bush hijo, padre y abuelo, necesitaban asustar a los gringos para lograr empezar las guerras en Iraq y Afganistán (supuestamente es Irak según las últimas de la RAE, pero me niego, va con “q”), pues la historia ya lo confirmó. La parte de los edificios que se caen como si hubiesen sido demolidos es “schoking” , pero ya la había visto antes, no sé si en algo de lo que hacía el gordo Moore cuando hacía cosas medio buenas, o no sé sin en otra parte, en fin. Lo que ya todo mundo sabe más o menos entre líneas,  lo dijeron bien. 
La tercera parte, esa sí me indigno. Hay que ser muy atrevido para creer a la gente tan imbécil al llevarlos por el “derrotero lógico” en su explicación de las motivaciones tras la creación de un banco central y su forma de operar. Según ellos el banco central está hecho para prestarle dinero al gobierno y a la gente del común, cargándole un interés por ello, situación que nunca termina y por ende es como un juego de Ponzi que se retroalimenta ad infinitum  (ya que se debe aumentar la oferta monetaria a través de la emisión de dinero para pagar esta deuda, ¡pero entonces la deuda aumenta nuevamente!) ... me aburre absurdamente argumentar lo contrario, siento como si alguien me estuviera afirmando que la luna es de queso y tuviera que negárselo, o que mi pelo es rojo cuando es evidente que no lo es, es de estas cosas que más valdría quitarle el saludo a quien lo pregunte, pero bueno... para empezar ¿en dónde están los ríos de gente haciendo fila en el banco central para pagar su deuda? ¡flaco servicio le hace una deuda a los banqueros centrales, que nunca es saldada y que nadie, sino ellos mismos,  sabe que existe! (de hecho técnicamente hablando el dinero sí es un pasivo, ¡pero del banco central con la gente, no al revés!, por eso se le llama dinero fiduciario) . Por otro lado, ¿no será que la oferta monetaria aumenta incesantemente para financiar el hecho de que cada vez más gente consume más bienes y por ende se necesita más plata para que tales bienes circulen ?... Es insultante que jueguen con la ignorancia de la gente de esta forma. Y es indigno que los académicos no se manifiesten para frenar una campaña desinformativa de este tipo. Si es cierto que 5 millones de personas lo han visto, puede llegar a haber confundidos... de hecho los hay, como tristemente descubriría después. 
Al terminar de ver la pelí me entró curiosidad de: ¿hasta donde podía llegar el impulso de esta gente?, de ¿cuál había sido la reacción del público y los medios serios, en su momento, cuando fue lanzada por Google esta propaganda?,  y ... ¡oh sorpresa!, las cosas fueron más allá de lo que esperaba. Existe todo un movimiento con el nombre de la película y una bobería a escalas magnas llamada Proyecto Venus. Es una cosa con buenos recursos, que a cualquier persona medianamente culta le recuerda al gran hermano de Orwell en 1984. Sí señores, denuncian la homogenización y la dominación como planes milenarios de una elite humana, y son ellos los que quisieran ver socavadas las libertades individuales en un proyecto utópico, pretendidamente  a-histórico (como si esto fuera posible), en una cruzada sinsentido  en la que las máquinas trabajarán por nosotros, pero también nos gobernarán  y en donde  todos nos dedicaremos a la vida contemplativa, al haber sublimado nuestro bajos instintos en una “economía de los recursos”. ¿Economía de los recursos he dicho?, quieren decir de recursos ilimitados (¡nunca antes vista tal sandez!), como si pudiéramos ampliar el tiempo, la tierra, la tecnología, los mares, los animales, las playas, las plantas, el agua potable, la infraestructura, al ritmo que deseáramos con sólo imaginarlo.
Es una cosa realmente aterradora. Esta gente de veraz quiere convencer al público de que la escasez es un término inventado por el capitalismo, y de que existen formas superiores a la democracia para expresar las libertades individuales. Pretenden reciclar ideales utópicos de la eliminación de las clases sociales y el dinero como fetiche, tal y como lo hicieron los fracasados regímenes comunistas a lo largo y ancho del mundo en el siglo pasado (y aún lo hacen hoy, Cuba, Corea de Norte ...). Al mismo tiempo pretenden que no es comunismo, sino que es una especie de anarquismo que vendrá irremediablemente como fuente del mismo discurso panfletario,a la Marx, en el cual la opresión de la clase trabajadora terminará tarde o temprano en la tan anhelada revolución. Es un collage franquensteiniano de ideologías muertas, comunistas, fascistas y anarquistas y de New Age. Tienen razón al decir que no es comunismo, ni anarquismo, ni utopismo, ni nada de eso. Porque la verdad es que no es nada, me imagino que su única razón de ser es timar a los pobres pendejos que en medio de sus desazón consumista (ver entrada anterior) quieren tirar la plata al primero que los quiera “rescatar”. Este tipo de organizaciones deberían ser tratadas como un problema de salud pública en el mundo occidental y a sus seguidores deberían alfabetizarlos, unas buenas clase de historia universal y algo de economía, no vendrían nada mal. 

miércoles, 5 de enero de 2011

La Felicidad (¿felicidad?) paradójica, ... pero no tan paradójica...




“Los motores del hiperconsumo son múltiples y sus funciones <terapeúticas> o secundarias no llegan a agotar su sentido. No por ello son menos fundamentales. Sucedáneo de la vida a la que se aspira, el hiperconsumo crece conforme se multiplican las <conciencias desdichadas> y la dirección del mundo parece escapar al control de los hombres”   Guilles Lipovetsky (2006, p.280)

y bueno, el primer libro del año fue además un buen libro. Si tuviera que calificarlo del uno al cinco, debido a mi obsesión por evaluar, le daría un cuatro (je,je, lo cual no deja de ser un poco insolente) . Se titula “La Felicidad Paradójica” (“Le Bonheur Paradoxal”) de Gilles Lipovetsky. Si no conocen a Lipovetsky baste con decir que es un filósofo francés que no gusta del análisis contemporáneo de los filósofos y de los sociólogos ni de la Sorbona, ni de la EHESS (Baudrillard, Barthes, etc.). El libro expresa su punto de vista al respecto de los análisis sociológicos actualmente dominantes sobre la modernidad (léase sociedad liberal, de mercado y técnico-científica). Para él (y a mí me gusta ese punto) hay que evitar los análisis catastrofistas y apocalípticos que se hacen sobre la bien llamada sociedad de consumo, ya que están basados sobre mitos más o menos exagerados, más o menos ridículos, que pretenden explicar el comportamiento del hombre por estos días, y no lo logran ni tan siquiera mediocremente.  
Lipovetsky es muy hábil al bajar la espuma a las críticas marxistas anacrónicas, que condenan la sociedad actual al consumo inagotable de signos, que lejos de satisfacer al consumidor en alguna medida lo alejan cada vez más de la felicidad buscada (y entre más histérico el consumo, más exiguos los beneficios en términos de placer), también desmiente a las escuelas que denuncian la caída de la sociedad actual en una eterna bacanal dionisiaca (¡ya quisiéramos algunos!), con la consecuente pérdida de los valores trascendentales de la humanidad (¿?), para él una sociedad altamente “medicalizada” y un tanto paranoica e hipocondriaca, no podría estar más alejada de los placeres de Dioniso, ni más cerca de Apolo (sí, al estilo de Nietzsche). También se va lanza en ristre contra los que defienden una estructura de superación constante con valores como la competencia y la perfección, que encarnan los ideales modernos; para él, la gente por estos días es más bien perezosa y mediocre, le gusta ver a Superman en la TV pero por nada del mundo se despegarían del sillón para hacer abdominales y lograr parecerse a él un poco. Finalmente desmantela (aunque debería decir sacude, porque a mi parecer esto no lo logra tanto)la idea de la envidia como principio rector de las sociedades de mercado. En resumidas cuentas, hoy en día según él casi nadie es envidioso y a casi nadie le importa el qué dirán (¿será?).
Siempre he creído que en algunos casos, como en éste,  en las ciencias sociales existe una cierta tendencia gratis a buscar un principio rector (uno solo) del comportamiento humano (la física lo hace con la naturaleza probablemente desde Tales de Mileto o al menos desde Newton, invocando consideraciones estéticas y eso no impedía que Richard Feynman lo considerara un error) y que por ende terminan analizando todos los fenómenos desde una perspectiva absurdamente reduccionista, defendiendo hipótesis insalvables, como las que Lipotvesky ataca con tanto éxito. Después de leerlo uno dice: este tipo tiene razón. La figura del hombre moderno acongojado por su propia pobreza en medio de la abundancia, y acompañado de ese drama existencial al mejor estilo de la pobre viejecita resulta patético. Tampoco son mejores los ideales del hombre supercompetitivo con el que no se identifican más que unos cuantos calvos en oficinas corporativas, o unos cuantos niños ñoños confundidos en los salones de clase. La gente por ahí busca trabajar lo menos posible ¿y quién se atreve a censurarlos? 
No obstante, como buen sociólogo (en realidad es filosofo, pero en últimas eso nunca hace ninguna diferencia) el también se ve tentado al reduccionismo del que hablo, y parodiándolo un poco “digámoslo claramente”: el ideal del hombre moderno turboconsumidor, hipermedicalizado, hiperesteticizado, hipersensualista, tampoco agota el esquema (por más turbo-super-hiper que suene), como no lo hacen las corrientes a las que él critica. La gente compra lo que le dicen que compre y no es más feliz, ni más infeliz por eso, el hedonismo no es el pan de cada día, y la paranoia medica y estética (incluso cultural) no es sino producto de la subutilización de tiempo y de otros recursos por parte de  gente más o menos sin condiciones intelectuales, que anda como loca engullendo lo que se le atraviese (LCDs, BMWs, museos, McDonalds, etc.) sin sentirse un ápice mejor por ello. Esa idea de progreso sensualista es un poco traída del pelo. Aunque debo reconocer que el autor es consciente de la imposibilidad de que este sensualismo  dinámico lleve a la felicidad acabada, de forma tal que al final del libro uno se pregunta si el título es “la felicidad paradójica”, en el sentido de que en nuestra era moderna la felicidad es paradójica porque el consumo no ha logrado menguar la eterna desazón de la existencia humana, o “La Felicidad paradójica” en el sentido de que toda felicidad (es decir la felicidad como concepto) es paradójica en su esencia social, al más puro estilo de Rousseau (a quien el autor cita)
El cuatro se lo doy porque me parece que logra en gran parte su cometido inicial de desmitificar un poco las aproximaciones tibias y alarmistas que tiene la sociología francesa contemporánea sobre el tema de la modernidad (¿o posmodernidad? ) y el consumo. No obstante, leer el libro, más o menos optimista en su esencia, al menos comparativamente, no consuela el alma ni un ápice, sobretodo cuando se recuerda que el individuo de masa comprador-histérico o turbo-consumidor como él lo llama, no representa sino a una estrecha minoría de los países desarrollados, y que el problema de fondo, no es que los pobrecitos sientan desasosiego al comprar un Mazda, cuando lo que querían era un Mercedes, sino que hay quienes no pueden comprar ni una bicicleta y que esos son de los que más hay, si tomamos el mundo como referencia y no sólo a Francia y EEUU como en el libro, con lo cual las menos de 15 páginas y algunas referencias sueltas que le dedica al tema de los “menos favorecidos”, no hacen justicia a la magnitud de la importancia que éstos tienen en el asunto. 
El libro es entretenido pero el tufillo de optimismo matizado al final con la dialéctica de la felicidad paradójica no me termina de convencer. No soy pesimista, pero tampoco exageremos. Igual me gustó y el siguiente paso será revisar un poco más de su obra, a ver si en alguna parte habla de lo que faltó aquí. 

martes, 4 de enero de 2011

Aquí voy en medio de las intermitencias.

Así empieza. Posiblemente no termine, posiblemente no pase de tres entradas como casi todos o probablemente no pase de septiembre cuando, sí las cosas salen según lo planeado, empezaré mi doctorado, en economía por supuesto (aunque todavía falta que me reciban). 
Hace tiempo que estaba por abrir este blog, algunas personas dicen que tengo algo que decir, pero como buen economista lo hago por motivaciones más egoístas: quiero ejercitar mi escritura no técnica porque ya no siento que escribo sino que proceso mensajes, y que de tanto punto seguido me habilidad metal se está atomizando. 
No sé bien sobre que “hablar”, así que como tantos hablaré sobre todo un poco, como no querría (¡por nada del mundo!) escribir un diario, que por lo demás sería bastante aburrido, pero tampoco quiero convertir este espacio en una imitación barata  de buscador electrónico o de noticiero ambulante (además no podría porque la mayor parte de los días el mundo pasa y se olvida de avisarme, ya que no entro a Twitter a menudo y no tengo TV, así que debo hacer el esfuerzo consciente de “leer las noticias”), he decidido que escribiré sobre la única cosa de la cual podría decir algo y que como siempre me acompaña, será fuente inagotable de temas: son las cosas que leo. Mal que bien siempre leo algo, sea basura, literatura, ciencia o economía, así que creo que éste puede ser un buen pretexto para escribir a menudo y desentumecer mis neuronas y mis dedos. 
Así que por lo general (aunque no siempre) verán en este espacio la reseña de un libro, eso sí, en el desorden más irritante que se puedan imaginar, porque depende del día nunca quiero leer lo mismo. Hay temporadas en las que me doy contra las paredes por no haber estudiando física, en las que me siento partícula elemental y me muevo como onda y como punto a la vez, hay días en que Heisenberg me ataca y me hace dudar de todo y me sueño con el gato de Schrödinger , quiero engullir todo lo cuántico y creo que el término relativista por fin me gusta y sólo aplica a las partículas, que incluso tienen permitido ser superrelativistas. Me deprimo en estos días porque ya lo dije, no soy físico, y no entiendo la mitad de lo que leo (o más, digo la mitad para no deprimirme ahora), así que leo sólo divulgación y libros que empiecen con “una introducción a....” lo que sea, relatividad, cuántica, óptica, termodinámica, toda introducción es ganancia.
Otros temporadas (no en el infierno, ¡vaya que odio a la gente patética que hace guiños de este tipo y continuación lee su porquería, y el pobre Rimbaud se revuelca en su tumba y quisiera pegarles con la pierna amputada hasta que se den cuenta de la diferencia insalvable entre él y ellos!, pero luego hablamos de Rimbaud), como digo, otras temporadas me siento biólogo frustrado, por su puesto soy cliché y la evolución es mi tema favorito, pero no lo soy tanto porque también me gusta la biología molecular, adoro los trabajos de Lynn Margulis, la simbiogénesis me hace soñar despierto con todo tipo de posibilidades mutantes de un futuro irreconocible para los ingenuos gradualistas. Me gustan los genes, me gustan mucho, y me gustan dos temas en particular: el del cáncer y el de el SIDA. Creo que me gustan las poco ortodoxas propuestas de Peter Duesberg, para que se hagan una idea y no me odien luego por fanfarrón. 
Nunca leo de química o bioquímica, aunque es una propuesta para este año. 
Otra cosa que leo es literatura por supuesto, aunque debo ser sincero: hay días en que odio la literatura, siento que pierdo el tiempo (¿cuándo no?) y no quiero saber nada de ella. A veces son muuuuchos días. Pero cuando encuentro a un escritor de verdad, no hay nada que disfrute más. Recientemente me ha pasado con Saramago (sí ya sé, es el colmo que recién lo empiece a leer, pero ni modos, así fue). Me he leído uno de los libros que más me ha gustado, del que pronto trataré de hacer una entradita:Las intermitencias de la Muerte, al que obviamente le debo el nombre del blog, que no fue mía, sino de Diana, pero luego hablamos de eso, ¡qué hermoso es ese libro!. También soy cliché en estos aspectos literarios, mi escritor favorito es Dostoievski, me encantan Lampedusa, Balzac, Stendhal, Borges, Bioy Casares, Tolstói  y un sancocho que si todo sale bien y si a ustedes les interesa, les iré develando de a pocos. Nada sospechoso, y no me gusta inventarme los gustos, para que suenen más rebuscados, placer de ciertos personajes que conozco.
También me gusta la historia, uno de mis favoritos es sin duda Eric Hobsbawn, obviamente por mi sesgo económico. Y ¡sacrilegio!, me gustan las novelas históricas, creo que pueden ser un buen recurso para familiarizarse con una época. Luego buscar los datos a ver si cuadran es un pasatiempo que disfruto. Por ejemplo me parece que Maurice Druon es un experto en el tema, disfruté los Reyes Malditos.
Muy de vez en cuando leo política, no me refiero a teoría Política, la cual no leo nunca, sino más bien prensa política... no lo hago mucho, pero por lo general cuando lo hago quiero decir algo, no porque me guste el tema, sino que la rabia que me da leer esto me inspira como pocas cosas. (exceptuando las posturas religiosas fundamentalistas ...) 
Bueno, finalmente lo único que no me da por temporadas, sino que siempre está presente, aunque en ocasiones me gustaría que fuera distinto, pero no se puede, es la economía. Mi pasión no oculta sino pública. Siempre leo economía, así que cada vez que tenga huecos de improductividad lo llenaré con temas económicos, que probablemente sean los más aburridos para el que de por sí, ya un poco desocupado, esté leyendo esto. Esos se los puede saltar. Si la gente fue diseñada para algo, no tengo dudas de que alguien encajo en mí las piezas de un economista. (lo del diseño es metafórico... acabo de decir que me gusta Darwin)
Hay otros temas,..., de los que no leo tanto como debiera pero que pueden aparecer de vez en cuando: filosofía, religión, sociología, arte, comunicación, psicología y neurología.... eso sí procuro no leer nada escrito en la tierrita sobre estos temas porque me irrita el subdesarrollismo del que desgraciadamente están impregnados la mayor parte de los escritos por estos lados (sobre todo los de filosofía, ¡qué porquería!) . 
Les quisiera contar algunas cosas más de mí... como que vivo en Cali, Colombia, por ahora, soy profesor, por ahora, soy liberal, por ahora, medio agnóstico, por ahora, y si alguien comenta por ahí algo que le interese sería genial poder interactuar con gente de gustos o disgustos comunes,..., por ahora.