domingo, 15 de enero de 2012

De toros y falsos liberales

En pocas ocasiones se presenta un tópico tan propicio para discernir entre falsos liberales, o liberales por defecto, o “pensadores” izquierda por oportunismo, y aquellos que en serio tratan de ser coherentes con la ideología liberal. Este es el caso de la posición con respecto a las corridas de toros.

En lo personal, nunca he sentido una particular atracción por las corridas de toros, para ser completamente honesto no creo que se trate de algún tipo de manifestación artística (o al menos no una que yo no pueda apreciar), y me resulta un espectáculo aburrido y grotesco. No obstante, por más que trato de entender, por más que pregunto en foros y los wall de Facebook de mis amigos , no puedo encontrar una razón medianamente coherente para apoyar la prohibición de las corridas de toros. Para mí cada vez resulta más evidente que esta actitud sólo es una manifestación más de un comportamiento en manada, de un grupo creciente de personas, que siente que puede imponer sus propias preferencias por encima de las del resto de la sociedad, que cree que de esta forma se alza moralmente por encima del mundo, cuando lo único que logra es confirmar su propia mezquindad de pensamiento, y sus propios instintos de violencia antidemocrática.

El argumento que esgrimen no es lógico, no es democrático, no es liberal, es un argumento moral. Moralmente les parecen despreciables las corridas de toros, y las equiparan (todos ellos hacen esta comparación explícita o implícitamente) con las muertes de los cristianos a manos de los romanos hace un par de milenios. Su línea de razonamiento es: el espectáculo es una tortura, y por cuestión de derechos humanos (sí, humanos), debe ser prohibido,…y aquí empiezan las contradicciones… este argumento no sólo es, como se verá, incoherente, sino que paradójicamente, también es inmoral.

El punto es: ¿se deben aplicar principios morales a las corridas de toros? ¿es aceptable extender el ámbito de los derechos humanos, y por ende lo que definimos como tortura hasta este punto? , creo que si admitimos que matar a un toro te convierte en un asesino, y el que te gusten las corridas de toros hace de ti alguien que disfruta con las torturas , pues comerte una vaca o un pollo, hace de ti un caníbal. Ésta es la conclusión lógica que necesariamente se deriva de extender el ámbito de “los derechos humanos” hasta cobijar a los toros… (hecho implícito en la siempre citada analogía con el Coliseo Romano)…Esta extensión desde mi punto de vista resulta absurda. Así que si piensas en términos morales con respecto a las corridas de toros, la única forma de ser coherente y no violar tus propios principios, en ningún otro ámbito cotidiano (y por ende de forma mucho más grave), es asegurarte de que por tu parte, no está siendo lastimado ningún mamífero (o al menos no uno grande, como los toros, con una estructura neurológica de similar desarrollo). El primer mamífero que deberás salvaguardar es por supuesto la vaca. Asegúrate de ser vegetariano (para evitar la antropofagia), de no usar zapatos, cinturones, o chaquetas de cuero (porque ¡horror! Esto sería equivalente a confeccionarte unos buenos pantalones con la piel de tu hermana menor). Si quieres ser un poco más purista (y ya que extendimos el ámbito de los derechos humanos a los toros, ¿por qué no hacerlo hasta las aves?, un poco menos desarrollado el sistema neurológico, un poco más brutas, pero bueno, ¿quién pone el límite?) , entonces asegúrate de no comerte los  hijos de tus coterráneas gallinas, ni llenar con las “cabelleras” de tus primos los gansos, almohadas y cobijas. Ya que semejante horror haría palidecer a aquéllos infligidos por los nazis antes de la segunda guerra mundial, que según cuentan, hacían botones y jabones con los huesos y la grasa de los prisioneros en los campos de concentración.

Si estás pensando que estas situaciones no son equivalentes, estás en lo cierto, la antropofagia es peor, nisiquiera a los bestiales romanos, que presenciaban la muerte de los cristianos en el Coliseo, se les hubiera ocurrido comerse sus cadáveres.

Un contra-argumento generalmente usado, por parte de quienes al menos tienen la decencia de notar la incoherencia y la absoluta inmoralidad en la que incurren quienes atacan las corridas de toros y al mismo tiempo comen vacas y pollos, es equiparar estas faenas con la industria de la moda. Entonces, si están justificadas las corridas de toros, estarían justificados también, los abrigos de piel de foca o armiño. La respuesta es NO, una vez más el error es lógico, no un argumento moral. Los toros que se sacrifican en estos espectáculos son criados específicamente para ellos, y de no ser por ellos estarían probablemente extintos, por el contrario, lo que sucede en la industria de la moda que mata animales salvajes, sólo para saciar un gusto estrambótico de alguien, reclamando un derecho de propiedad que no tienen sobre la vida no doméstica de los animales, es completamente reprobable. Nadie tiene un derecho particular de propiedad sobre esta vida natural, es patrimonio de la humanidad como un todo.

La discusión podría ser eterna, pero creo que el punto ya está ilustrado. O eres incoherente (e inmoral) atacando las corridas de toros, o eres un fanático más o menos marginado de la estructura social. Pero si pretendes no ser ni lo uno ni lo otro, eres entonces un hipócrita, que sólo se une a esta causa, por moda, y como una forma de descalificar a una minoría que consideras sacrílega y abominable, (cualquier parecido con la actitud de los romanos hacia los cristianos en la antigüedad no es coincidencia). Las democracias actuales, a diferencia de las democracias antiguas, no sólo deben resolver las disputas consultando el pensar de las mayorías, sino que también deben estar atentas a censurar los comportamientos violentos de estas mayorías, cuando buscan pasar por encima de los derechos de una minoría, cuando piensan imponer sus principios, y sus percepciones de vida, mediante actos de fuerza.

Esa fue la falla de la democracia romana, y es una conquista moderna, entender que todos los hombres somos iguales ante la ley. Ahora, si quieres extender este principio a otras especies, asegúrate de salirte de la estructura social a la que perteneces. O al menos ten la decencia de saber que eres tú, el que censura, el que reprueba, el que se cree poseedor de una razón superior, de una moral superior,  eres precisamente tú el que resulta más parecido a los romanos tantas veces citados, y quienes asisten a las corridas de toros son más parecidos en este ejemplo a los cristianos. Por lo pronto equiparar la muerte de un toro con la de una persona me resulta abominable. Me parece detestable la actitud de políticos oportunistas como Petro (a quien me adhiero en otras de sus iniciativas políticas) y Fajardo (con quien no comparto nada), que buscan capitalizar esta revuelta masiva, antidemocrática, para incrementar sus índices de popularidad.

2 comentarios:

  1. http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-321600-acusan-petro-acudir-totalitarismo-manejo-prensa-bogotana.

    Por mi parte, estoy de acuerdo con el noticiero, ya había notado, muy a mi pesar, las inclinaciones totalitaristas de Petro. En lo personal, está más que relevado de mi lista de "afectos políticos". No puedo, por principios, compartir un punto de vista político, con alguien tan oportunista y con tales tendencias al totalitarismo. No comulgo con la radicalización de la gente, que al parecer es la única estrategia válida en Colombia. No creo que la libertad de expresión o la libertad de prensa, o la libertad en general se pueda sacrificar en pro de un “bien superior”, menos aun cuando la definición de bien superior se decreta en términos morales (diga usted la posición de Uribe frente a las drogas o la posición de Petro frente a los toros) . Nadie debe imponer su voluntad por encima de las demás voluntades basado en percepciones morales. Nadie debe vender su terca percepción de las cosas como la única válida, sin escuchar, ni proveer argumentos. Espero que este tipo nunca llegue a la presidencia de Colombia, espero que tenga una buena gestión en Bogotá, pero que aun así la gente sea lo suficientemente audaz como para bloquear su avance político. Pero en el fondo temo que la gente no lo será. Me aterra la facilidad con la que vendemos nuestra ideología cuando alguien nos da la razón. Lo peor de todo es que Petro se las está poniendo fácil a los medios que desde el primer día le quisieron hacer su asenso imposible.

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  2. La democracia es la ley del montón, de la masa, del pueblo, así se elige a un representante, a un “administrador de lo público”. Y lamentablemente quienes lo eligen tienden a idealizarlo. Que por ser de “izquierda” pensaron que podría ser más democrático, más cercano a quienes lo eligieron. Y la realidad, es la realidad del político. Creo que era Saramago quien decía que no todos los políticos eran malos, porque había unos peores… Con ese tipo de comportamientos se pone la soga al cuello.

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