Las intermitencias de un lector
Básicamente mi opinión, inevitablemente politizada por mi percepción liberal de la vida
lunes, 25 de marzo de 2013
domingo, 25 de noviembre de 2012
Con ganas de escribir y sin saber qué
A veces siento ganas de explotar
y decir mil cosas. Siento que las palabras hacen bulto en mi mente y mis dedos
torpes no permiten que lleguen a tiempo (antes de perecer) a la hoja de papel blanca
y virtual que tengo en frente. Otras
veces siento que no hay nada que decir, que ya todo está dicho, que sólo resta
esperar, primero por la vejez y luego, no mucho más, por la muerte.
Me siento inmortal y joven
perenne, me aterroriza que la muerte igual llegará mañana y que nunca me
avisaron cuando dejé de ser niño. Conservo igual la esperanza de despertarme y
descubrirme acostado en la cama de mis padres viendo televisión mientras espero
a que vuelvan de la discoteca “Oro Puro”, en Montería, con mis muñecos haciendo
un reguero en la cama, mi hermano diminuto y hermoso dormido a mi lado, con
cara de ratón tierno, y el aire acondicionado prendido a su máximo nivel, para
simular que estoy en un desierto helado y no en una noche de 37 grados. Mis
preocupaciones son sólo el examen de biología que en realidad no me preocupa
porque ya todo lo entendí y sé que con leerlo una vez más quedará en mi memoria
por siempre, incluso para cuando décadas después trate de transportarme en el
tiempo, para cuando décadas después mis problemas sean básicamente los mismos,
pero las personas y las situaciones distintas, con menos opciones, por estar
más cerca del final, pero con la insoportable certidumbre de que nunca podré
recorrer todas las que quedan.
A veces quiero escribir y no sé
qué escribir. Entonces escribo lo que siento. Entonces recuerdo que nada más
merece la pena de ser escrito.
domingo, 15 de enero de 2012
De toros y falsos liberales
En pocas ocasiones se presenta un tópico tan propicio para discernir entre falsos liberales, o liberales por defecto, o “pensadores” izquierda por oportunismo, y aquellos que en serio tratan de ser coherentes con la ideología liberal. Este es el caso de la posición con respecto a las corridas de toros.
En lo personal, nunca he sentido una particular atracción por las corridas de toros, para ser completamente honesto no creo que se trate de algún tipo de manifestación artística (o al menos no una que yo no pueda apreciar), y me resulta un espectáculo aburrido y grotesco. No obstante, por más que trato de entender, por más que pregunto en foros y los wall de Facebook de mis amigos , no puedo encontrar una razón medianamente coherente para apoyar la prohibición de las corridas de toros. Para mí cada vez resulta más evidente que esta actitud sólo es una manifestación más de un comportamiento en manada, de un grupo creciente de personas, que siente que puede imponer sus propias preferencias por encima de las del resto de la sociedad, que cree que de esta forma se alza moralmente por encima del mundo, cuando lo único que logra es confirmar su propia mezquindad de pensamiento, y sus propios instintos de violencia antidemocrática.
El argumento que esgrimen no es lógico, no es democrático, no es liberal, es un argumento moral. Moralmente les parecen despreciables las corridas de toros, y las equiparan (todos ellos hacen esta comparación explícita o implícitamente) con las muertes de los cristianos a manos de los romanos hace un par de milenios. Su línea de razonamiento es: el espectáculo es una tortura, y por cuestión de derechos humanos (sí, humanos), debe ser prohibido,…y aquí empiezan las contradicciones… este argumento no sólo es, como se verá, incoherente, sino que paradójicamente, también es inmoral.
El punto es: ¿se deben aplicar principios morales a las corridas de toros? ¿es aceptable extender el ámbito de los derechos humanos, y por ende lo que definimos como tortura hasta este punto? , creo que si admitimos que matar a un toro te convierte en un asesino, y el que te gusten las corridas de toros hace de ti alguien que disfruta con las torturas , pues comerte una vaca o un pollo, hace de ti un caníbal. Ésta es la conclusión lógica que necesariamente se deriva de extender el ámbito de “los derechos humanos” hasta cobijar a los toros… (hecho implícito en la siempre citada analogía con el Coliseo Romano)…Esta extensión desde mi punto de vista resulta absurda. Así que si piensas en términos morales con respecto a las corridas de toros, la única forma de ser coherente y no violar tus propios principios, en ningún otro ámbito cotidiano (y por ende de forma mucho más grave), es asegurarte de que por tu parte, no está siendo lastimado ningún mamífero (o al menos no uno grande, como los toros, con una estructura neurológica de similar desarrollo). El primer mamífero que deberás salvaguardar es por supuesto la vaca. Asegúrate de ser vegetariano (para evitar la antropofagia), de no usar zapatos, cinturones, o chaquetas de cuero (porque ¡horror! Esto sería equivalente a confeccionarte unos buenos pantalones con la piel de tu hermana menor). Si quieres ser un poco más purista (y ya que extendimos el ámbito de los derechos humanos a los toros, ¿por qué no hacerlo hasta las aves?, un poco menos desarrollado el sistema neurológico, un poco más brutas, pero bueno, ¿quién pone el límite?) , entonces asegúrate de no comerte los hijos de tus coterráneas gallinas, ni llenar con las “cabelleras” de tus primos los gansos, almohadas y cobijas. Ya que semejante horror haría palidecer a aquéllos infligidos por los nazis antes de la segunda guerra mundial, que según cuentan, hacían botones y jabones con los huesos y la grasa de los prisioneros en los campos de concentración.
Si estás pensando que estas situaciones no son equivalentes, estás en lo cierto, la antropofagia es peor, nisiquiera a los bestiales romanos, que presenciaban la muerte de los cristianos en el Coliseo, se les hubiera ocurrido comerse sus cadáveres.
Un contra-argumento generalmente usado, por parte de quienes al menos tienen la decencia de notar la incoherencia y la absoluta inmoralidad en la que incurren quienes atacan las corridas de toros y al mismo tiempo comen vacas y pollos, es equiparar estas faenas con la industria de la moda. Entonces, si están justificadas las corridas de toros, estarían justificados también, los abrigos de piel de foca o armiño. La respuesta es NO, una vez más el error es lógico, no un argumento moral. Los toros que se sacrifican en estos espectáculos son criados específicamente para ellos, y de no ser por ellos estarían probablemente extintos, por el contrario, lo que sucede en la industria de la moda que mata animales salvajes, sólo para saciar un gusto estrambótico de alguien, reclamando un derecho de propiedad que no tienen sobre la vida no doméstica de los animales, es completamente reprobable. Nadie tiene un derecho particular de propiedad sobre esta vida natural, es patrimonio de la humanidad como un todo.
La discusión podría ser eterna, pero creo que el punto ya está ilustrado. O eres incoherente (e inmoral) atacando las corridas de toros, o eres un fanático más o menos marginado de la estructura social. Pero si pretendes no ser ni lo uno ni lo otro, eres entonces un hipócrita, que sólo se une a esta causa, por moda, y como una forma de descalificar a una minoría que consideras sacrílega y abominable, (cualquier parecido con la actitud de los romanos hacia los cristianos en la antigüedad no es coincidencia). Las democracias actuales, a diferencia de las democracias antiguas, no sólo deben resolver las disputas consultando el pensar de las mayorías, sino que también deben estar atentas a censurar los comportamientos violentos de estas mayorías, cuando buscan pasar por encima de los derechos de una minoría, cuando piensan imponer sus principios, y sus percepciones de vida, mediante actos de fuerza.
Esa fue la falla de la democracia romana, y es una conquista moderna, entender que todos los hombres somos iguales ante la ley. Ahora, si quieres extender este principio a otras especies, asegúrate de salirte de la estructura social a la que perteneces. O al menos ten la decencia de saber que eres tú, el que censura, el que reprueba, el que se cree poseedor de una razón superior, de una moral superior, eres precisamente tú el que resulta más parecido a los romanos tantas veces citados, y quienes asisten a las corridas de toros son más parecidos en este ejemplo a los cristianos. Por lo pronto equiparar la muerte de un toro con la de una persona me resulta abominable. Me parece detestable la actitud de políticos oportunistas como Petro (a quien me adhiero en otras de sus iniciativas políticas) y Fajardo (con quien no comparto nada), que buscan capitalizar esta revuelta masiva, antidemocrática, para incrementar sus índices de popularidad.
miércoles, 11 de enero de 2012
Sobre la política fiscal y lo que sabemos de macroeconomía.
No sé cuántos de ustedes han seguido el debate reciente entre Krugman, Thoma, C. Romer, DeLong por un lado y Andolfato, Lucas, y Cochrane por el otro sobre la efectividad del estímulo fiscal en USA en estos días. No es una discusión trivial y en lo personal me ha llevado a replantear muchos de lo que considero postulados positivos sobre la política fiscal, i.e. Fiscal expansiva = incremento de la DA con precios rígidos….
Todo empieza con Lucas diciendo aquí http://www.cfr.org/economics/why-second-look-matters/p18996, básicamente que un incremento de la Demanda Agregada (DA) vía estímulo fiscal es imposible porque el efecto desplazamiento sobre el sector privado es completo, es decir, lo mismo que el gobierno gasta de más, los privados lo invierten de menos. Ante esto Krugman señala aquí http://krugman.blogs.nytimes.com/2011/12/26/a-note-on-the-ricardian-equivalence-argument-against-stimulus-slightly-wonkish/ que ésta es claramente una mala interpretación del Teorema de la Equivalencia Ricardiana (RET), su argumento es que la política fiscal es efectiva precisamente porque el gobierno gasta hoy un monto mayor del que el sector privado deja de consumir (para pagar los futuros impuestos), ya que como el choque negativo que prevén los hogares por cuenta de futuros incrementos de los impuestos es suavizado a lo largo del tiempo (ciclo vital, ingreso permanente), al final resulta que en términos netos, los hogares consumen hoy menos, pero el gobierno gasta más de lo que estos hogares consumen de menos. En este punto entra en la discusión Adolfato, quien señala aquí http://andolfatto.blogspot.com/2011/12/on-paulo-and-bobby-english-and-math.html ,que el error es de Krugman al atribuir un argumento a Lucas acerca de la equivalencia Ricardiana, cuando lo que él dice no tiene nada que ver con esto, el punto es que la RET afectas las decisiones intertemporales de consumo por decirlo así, mientras que el argumento de Lucas tiene que ver con las fuentes de financiación.
A estas alturas creo que he tomado partido. El argumento de Lucas es más un argumento de contabilidad que un argumento de economía y es correcto. Por ejemplo, si el gobierno incrementa su gasto, ¿de dónde saca el dinero para hacerlo?, pues va al mercado de fondos prestables (mediante emisión de bonos) se endeuda y gasta, los hogares saben entonces que los impuestos futuros se incrementaran debido a que tienen expectativas racionales, por ende disminuyen su consumo hoy en cierta cantidad, no obstante , son los hogares los mismos que le compraron los bonos al gobierno, así que en realidad la disminución del consumo es exactamente en las misma cuantía que la compra de estos bonos (sólo que ahora su ahorro está en forma de bonos y no de cuentas de ahorro o algo así) , en otras palabras, los hogares no cambian su decisión óptima de consumo, que es exactamente lo que dice el Teorema de la Equivalencia Ricardiana, independientemente de cómo se financie el gobierno (con impuestos hoy o con impuestos mañana, i.e. con impuestos o con bonos). Ese no es el punto de Lucas , el punto es que como los hogares no cambian sus decisiones óptimas de consumo debido al RET, entonces el dinero que el gobierno está usando es el mismo que hubieran usado para la inversión las empresas privadas , en otras palabras, sin gasto del gobierno el ahorro es igual a la inversión, con gasto del gobierno el ahorro es igual a la inversión más dicho gasto. Existe un efecto desplazamiento de 1 a 1 de inversión por gasto público. Aquí los poskeynesianos podrían argumentar que esto sería falso porque la inversión puede ser distinta al ahorro … lo cual para mí no tiene sentido en términos de contabilidad, sencillamente el ahorro y la inversión son iguales ex post y de eso es de lo que estamos hablando, de contabilidad.
Un lector atento habrá notado que el ahorro es igual a la inversión más el gasto, siempre y cuando la economía sea “cerrada” , pero en el mundo real las economías son “abiertas”, tienen relación con otros países, en este caso, de Macro I sabemos que el ahorro interno puede ser distinto de la inversión , a condición de que el gobierno se financie con ahorro externo, de esta forma el efecto desplazamiento es menor del 100%. Listo , entonces lo que Krugman está tratando de decir es que USA debería financiarse con el resto del mundo, y que de hecho lo puede hacer. Bien, eso es otro cuento, no tiene nada que ver con la equivalencia ricardiana sino con la posibilidad de financiarse en los mercados internacionales, que parece ser infinita para los Estados Unidos.
Lo que me deja intranquilo del debate anterior no es sólo el hecho de que profesores de universidades top ( entre ellos dos premios Nobel) se “confundan” en algo que todos dicen con la mayor seguridad es “udergraduate’s macro” (por ejemplo ver aquí http://mainlymacro.blogspot.com/2012/01/mistakes-and-ideology-in-macroeconomics.html) . Lo anterior te lleva a pesar sobre el “valor académico” que tiene alguien para evaluar tus conocimientos, o el que tienes tú mismo para evaluar los conocimientos de otro… pero ese no es el punto. El punto es que la política fiscal sólo tiene sentido (bajo expectativas racionales) si el país se puede financiar en los mercados externos, es decir a costa del ahorro de otros, lo cual sólo será óptimo para esos otros si su ciclo económico es opuesto al del país en cuestión (en este caso Estados Unidos)… ( y eso si suponemos movilidad imperfecta de capitales…) . Lo que se observa en la práctica es exactamente lo contrario, que los ciclos económicos de los países cada vez están más sincronizados .. entonces la política fiscal cada vez sirve menos.
El argumento de que la política fiscal prácticamente no existe (ni bajo movilidad perfecta, ni bajo movilidad imperfecta de capitales), choca de entrada con lo que se enseña en el modelo IS-LM, en el cual el gasto del gobierno es “exógeno” , una suerte de “maná” que cae del cielo,…, por otra parte en los modelos Neo keynesianos (microfundamentados con precios sticky) la que desaparece es la LM y no la IS, porque la oferta monetaria es endógena … así que sólo resiste como argumento de política la tasa de interés… eso ya lo sabemos, pero al menos en mi caso es el primer buen argumento que encuentro para eliminar el IS-LM de la educación de pregrado…actúa como una trampa lógica que te impide ver cómo funciona la economía realmente.
Bueno, lo otro que me deja pensativo es ¿hasta dónde la capacidad de endeudamiento de USA se debe precisamente a su poder político y no a decisiones en términos de riesgo país, ni a todos los otros argumentos que se leen a diario al respecto?, y ¿hasta dónde el suavizamiento de su propio ciclo se da a costa del pronunciamiento de los ciclos externos?.
¿Alguien sabe qué estudios se han hecho sobre el tema?. (debería estar estudiando el paper de Rothschild Y Stiglitz sobre información asimétrica, o programación dinámica, pero no puedo esperar hasta el curso electivo de política fiscal en dos meses! :p)
¿Alguien sabe qué estudios se han hecho sobre el tema?. (debería estar estudiando el paper de Rothschild Y Stiglitz sobre información asimétrica, o programación dinámica, pero no puedo esperar hasta el curso electivo de política fiscal en dos meses! :p)
miércoles, 18 de mayo de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
Pobre Hegel en su tumba, la bufonada de la década: Zeitgeist.
Me acabo de ver un falso documental (o tal vez una película de ciencia ficción, no sé cuál será el rótulo que más les gustaría a quienes la hicieron, en todo caso sólo pueden escoger entre esos dos). Se llama: “Zeitgeist” (sí ya sé, ..., es vieja). De tanto navegar fui a dar con esta cosa (es fácil encontrar el link en google video para el que la quiera ver, pero me niego a ponerlo aquí, me daría un poco de vergüenza). Aclaremos que nada tiene que ver con el espíritu de la historia de la filosofía hegeliana... o al menos no existe ningún vinculo serio entre lo uno y lo otro.
Es una película de estas que habla de la teoría de la conspiración, los tipos ricos de Bilderberg, las reuniones francmasónicas que se celebran desde finales del Jurásico para gobernar mi vida, tu vida y la de tu perro (con una terquedad asombrosa a través de los milenios), la iglesia conspiradora (como si no fuera abiertamente grotesca) y esas cosas que tan rentables son por estos días . Bueno, hasta ahí todo bien, a veces estas parodias estilo Código da Vinci son divertidas, así que me la vi.
La primera parte es una “desenmascaración” del cristianismo... humm...no, no lo es, eso es sólo lo que pretende. ¡baj! no hay que ser cristiano para saber que o está mal hecha intencionalmente, o quién la hizo en sólo quería vender una idea propagandística, o que en realidad pude haber gente muy falta de talento y de cerebro con recursos ociosos (o lo que me temo, una mezcla de las anteriores) . No sé mucho de mitología egipcia, pero sí algo de mitología griega, y eso de comparar a Dionisio con Jesús y con el dios del sol (que vendría siendo más o menos Apolo por derecho propio, ¡justo la antítesis de Dionisio según Nietzsche!), resulta francamente insultante... lo anterior para poner un ejemplo, pero está lleno de “errores” y mentiras a borbotones. La primera parte me decepcionó, y eso que ya vengo predispuesto a creer todo lo anticristiano que me digan. Es una basurita.
Aclaro, por si las moscas, que no soy cristiano, ni mucho menos judío (¡!), pero esa posición atea tan de moda por estos días, me imagino que inspirada en la postura ateo-fundamentalista de Richard Dawkins, tampoco es mejor que la de los cristianos que salieron a contradecir Zeitgeist con flacos argumentos, que parecían, esos sí, destinados a minar las bases de las religiones judeo-cristianas. Eso de que la “probabilidad” de que no exista un creador es my alta, ¿qué significa? ¿de cuánto es? ¿del 80%, o del 40%, o del 98%?, ¿utilizamos los teoremas del límite central? ¿o los resultados no son asintóticos?, ¿la muestra es grande o pequeña?, ¿cómo puedo calcular una probabilidad de algo que no tiene eventos?; por otra parte ¿desde cuándo en lógica se prueban negativos?, hasta dónde recuerdo no puedo probar que NO hay cerdos verdes, aunque lo intuya, a menos que repase cada resquicio del universo buscándolos y aun así nada garantiza que no estén escondidos en un lugar en donde mi limitada visión me traicione. Involucrar la probabilidad en el debate filosófico de la existencia de Dios es una payasada, que demuestra la falta de comprensión de ésta y una grave falta de razonamiento lógico, tan seudo científica como la de quien afirma sin pruebas (obviamente) la existencia de Dios (al menos los segundos no pretenden hacer ciencia, esa es la ventaja de fe).
La segunda parte de la película me gustó más, era la idea recalentada hasta la saciedad de que el 9-11 fue “made in USA”, lo cual es más o menos evidente, por no decir que es una perogrullada,..., y lo de que Bush hijo, padre y abuelo, necesitaban asustar a los gringos para lograr empezar las guerras en Iraq y Afganistán (supuestamente es Irak según las últimas de la RAE, pero me niego, va con “q”), pues la historia ya lo confirmó. La parte de los edificios que se caen como si hubiesen sido demolidos es “schoking” , pero ya la había visto antes, no sé si en algo de lo que hacía el gordo Moore cuando hacía cosas medio buenas, o no sé sin en otra parte, en fin. Lo que ya todo mundo sabe más o menos entre líneas, lo dijeron bien.
La tercera parte, esa sí me indigno. Hay que ser muy atrevido para creer a la gente tan imbécil al llevarlos por el “derrotero lógico” en su explicación de las motivaciones tras la creación de un banco central y su forma de operar. Según ellos el banco central está hecho para prestarle dinero al gobierno y a la gente del común, cargándole un interés por ello, situación que nunca termina y por ende es como un juego de Ponzi que se retroalimenta ad infinitum (ya que se debe aumentar la oferta monetaria a través de la emisión de dinero para pagar esta deuda, ¡pero entonces la deuda aumenta nuevamente!) ... me aburre absurdamente argumentar lo contrario, siento como si alguien me estuviera afirmando que la luna es de queso y tuviera que negárselo, o que mi pelo es rojo cuando es evidente que no lo es, es de estas cosas que más valdría quitarle el saludo a quien lo pregunte, pero bueno... para empezar ¿en dónde están los ríos de gente haciendo fila en el banco central para pagar su deuda? ¡flaco servicio le hace una deuda a los banqueros centrales, que nunca es saldada y que nadie, sino ellos mismos, sabe que existe! (de hecho técnicamente hablando el dinero sí es un pasivo, ¡pero del banco central con la gente, no al revés!, por eso se le llama dinero fiduciario) . Por otro lado, ¿no será que la oferta monetaria aumenta incesantemente para financiar el hecho de que cada vez más gente consume más bienes y por ende se necesita más plata para que tales bienes circulen ?... Es insultante que jueguen con la ignorancia de la gente de esta forma. Y es indigno que los académicos no se manifiesten para frenar una campaña desinformativa de este tipo. Si es cierto que 5 millones de personas lo han visto, puede llegar a haber confundidos... de hecho los hay, como tristemente descubriría después.
Al terminar de ver la pelí me entró curiosidad de: ¿hasta donde podía llegar el impulso de esta gente?, de ¿cuál había sido la reacción del público y los medios serios, en su momento, cuando fue lanzada por Google esta propaganda?, y ... ¡oh sorpresa!, las cosas fueron más allá de lo que esperaba. Existe todo un movimiento con el nombre de la película y una bobería a escalas magnas llamada Proyecto Venus. Es una cosa con buenos recursos, que a cualquier persona medianamente culta le recuerda al gran hermano de Orwell en 1984. Sí señores, denuncian la homogenización y la dominación como planes milenarios de una elite humana, y son ellos los que quisieran ver socavadas las libertades individuales en un proyecto utópico, pretendidamente a-histórico (como si esto fuera posible), en una cruzada sinsentido en la que las máquinas trabajarán por nosotros, pero también nos gobernarán y en donde todos nos dedicaremos a la vida contemplativa, al haber sublimado nuestro bajos instintos en una “economía de los recursos”. ¿Economía de los recursos he dicho?, quieren decir de recursos ilimitados (¡nunca antes vista tal sandez!), como si pudiéramos ampliar el tiempo, la tierra, la tecnología, los mares, los animales, las playas, las plantas, el agua potable, la infraestructura, al ritmo que deseáramos con sólo imaginarlo.
Es una cosa realmente aterradora. Esta gente de veraz quiere convencer al público de que la escasez es un término inventado por el capitalismo, y de que existen formas superiores a la democracia para expresar las libertades individuales. Pretenden reciclar ideales utópicos de la eliminación de las clases sociales y el dinero como fetiche, tal y como lo hicieron los fracasados regímenes comunistas a lo largo y ancho del mundo en el siglo pasado (y aún lo hacen hoy, Cuba, Corea de Norte ...). Al mismo tiempo pretenden que no es comunismo, sino que es una especie de anarquismo que vendrá irremediablemente como fuente del mismo discurso panfletario,a la Marx, en el cual la opresión de la clase trabajadora terminará tarde o temprano en la tan anhelada revolución. Es un collage franquensteiniano de ideologías muertas, comunistas, fascistas y anarquistas y de New Age. Tienen razón al decir que no es comunismo, ni anarquismo, ni utopismo, ni nada de eso. Porque la verdad es que no es nada, me imagino que su única razón de ser es timar a los pobres pendejos que en medio de sus desazón consumista (ver entrada anterior) quieren tirar la plata al primero que los quiera “rescatar”. Este tipo de organizaciones deberían ser tratadas como un problema de salud pública en el mundo occidental y a sus seguidores deberían alfabetizarlos, unas buenas clase de historia universal y algo de economía, no vendrían nada mal.
miércoles, 5 de enero de 2011
La Felicidad (¿felicidad?) paradójica, ... pero no tan paradójica...
“Los motores del hiperconsumo son múltiples y sus funciones <terapeúticas> o secundarias no llegan a agotar su sentido. No por ello son menos fundamentales. Sucedáneo de la vida a la que se aspira, el hiperconsumo crece conforme se multiplican las <conciencias desdichadas> y la dirección del mundo parece escapar al control de los hombres” Guilles Lipovetsky (2006, p.280)
y bueno, el primer libro del año fue además un buen libro. Si tuviera que calificarlo del uno al cinco, debido a mi obsesión por evaluar, le daría un cuatro (je,je, lo cual no deja de ser un poco insolente) . Se titula “La Felicidad Paradójica” (“Le Bonheur Paradoxal”) de Gilles Lipovetsky. Si no conocen a Lipovetsky baste con decir que es un filósofo francés que no gusta del análisis contemporáneo de los filósofos y de los sociólogos ni de la Sorbona, ni de la EHESS (Baudrillard, Barthes, etc.). El libro expresa su punto de vista al respecto de los análisis sociológicos actualmente dominantes sobre la modernidad (léase sociedad liberal, de mercado y técnico-científica). Para él (y a mí me gusta ese punto) hay que evitar los análisis catastrofistas y apocalípticos que se hacen sobre la bien llamada sociedad de consumo, ya que están basados sobre mitos más o menos exagerados, más o menos ridículos, que pretenden explicar el comportamiento del hombre por estos días, y no lo logran ni tan siquiera mediocremente.
Lipovetsky es muy hábil al bajar la espuma a las críticas marxistas anacrónicas, que condenan la sociedad actual al consumo inagotable de signos, que lejos de satisfacer al consumidor en alguna medida lo alejan cada vez más de la felicidad buscada (y entre más histérico el consumo, más exiguos los beneficios en términos de placer), también desmiente a las escuelas que denuncian la caída de la sociedad actual en una eterna bacanal dionisiaca (¡ya quisiéramos algunos!), con la consecuente pérdida de los valores trascendentales de la humanidad (¿?), para él una sociedad altamente “medicalizada” y un tanto paranoica e hipocondriaca, no podría estar más alejada de los placeres de Dioniso, ni más cerca de Apolo (sí, al estilo de Nietzsche). También se va lanza en ristre contra los que defienden una estructura de superación constante con valores como la competencia y la perfección, que encarnan los ideales modernos; para él, la gente por estos días es más bien perezosa y mediocre, le gusta ver a Superman en la TV pero por nada del mundo se despegarían del sillón para hacer abdominales y lograr parecerse a él un poco. Finalmente desmantela (aunque debería decir sacude, porque a mi parecer esto no lo logra tanto)la idea de la envidia como principio rector de las sociedades de mercado. En resumidas cuentas, hoy en día según él casi nadie es envidioso y a casi nadie le importa el qué dirán (¿será?).
Siempre he creído que en algunos casos, como en éste, en las ciencias sociales existe una cierta tendencia gratis a buscar un principio rector (uno solo) del comportamiento humano (la física lo hace con la naturaleza probablemente desde Tales de Mileto o al menos desde Newton, invocando consideraciones estéticas y eso no impedía que Richard Feynman lo considerara un error) y que por ende terminan analizando todos los fenómenos desde una perspectiva absurdamente reduccionista, defendiendo hipótesis insalvables, como las que Lipotvesky ataca con tanto éxito. Después de leerlo uno dice: este tipo tiene razón. La figura del hombre moderno acongojado por su propia pobreza en medio de la abundancia, y acompañado de ese drama existencial al mejor estilo de la pobre viejecita resulta patético. Tampoco son mejores los ideales del hombre supercompetitivo con el que no se identifican más que unos cuantos calvos en oficinas corporativas, o unos cuantos niños ñoños confundidos en los salones de clase. La gente por ahí busca trabajar lo menos posible ¿y quién se atreve a censurarlos?
No obstante, como buen sociólogo (en realidad es filosofo, pero en últimas eso nunca hace ninguna diferencia) el también se ve tentado al reduccionismo del que hablo, y parodiándolo un poco “digámoslo claramente”: el ideal del hombre moderno turboconsumidor, hipermedicalizado, hiperesteticizado, hipersensualista, tampoco agota el esquema (por más turbo-super-hiper que suene), como no lo hacen las corrientes a las que él critica. La gente compra lo que le dicen que compre y no es más feliz, ni más infeliz por eso, el hedonismo no es el pan de cada día, y la paranoia medica y estética (incluso cultural) no es sino producto de la subutilización de tiempo y de otros recursos por parte de gente más o menos sin condiciones intelectuales, que anda como loca engullendo lo que se le atraviese (LCDs, BMWs, museos, McDonalds, etc.) sin sentirse un ápice mejor por ello. Esa idea de progreso sensualista es un poco traída del pelo. Aunque debo reconocer que el autor es consciente de la imposibilidad de que este sensualismo dinámico lleve a la felicidad acabada, de forma tal que al final del libro uno se pregunta si el título es “la felicidad paradójica”, en el sentido de que en nuestra era moderna la felicidad es paradójica porque el consumo no ha logrado menguar la eterna desazón de la existencia humana, o “La Felicidad paradójica” en el sentido de que toda felicidad (es decir la felicidad como concepto) es paradójica en su esencia social, al más puro estilo de Rousseau (a quien el autor cita)
El cuatro se lo doy porque me parece que logra en gran parte su cometido inicial de desmitificar un poco las aproximaciones tibias y alarmistas que tiene la sociología francesa contemporánea sobre el tema de la modernidad (¿o posmodernidad? ) y el consumo. No obstante, leer el libro, más o menos optimista en su esencia, al menos comparativamente, no consuela el alma ni un ápice, sobretodo cuando se recuerda que el individuo de masa comprador-histérico o turbo-consumidor como él lo llama, no representa sino a una estrecha minoría de los países desarrollados, y que el problema de fondo, no es que los pobrecitos sientan desasosiego al comprar un Mazda, cuando lo que querían era un Mercedes, sino que hay quienes no pueden comprar ni una bicicleta y que esos son de los que más hay, si tomamos el mundo como referencia y no sólo a Francia y EEUU como en el libro, con lo cual las menos de 15 páginas y algunas referencias sueltas que le dedica al tema de los “menos favorecidos”, no hacen justicia a la magnitud de la importancia que éstos tienen en el asunto.
El libro es entretenido pero el tufillo de optimismo matizado al final con la dialéctica de la felicidad paradójica no me termina de convencer. No soy pesimista, pero tampoco exageremos. Igual me gustó y el siguiente paso será revisar un poco más de su obra, a ver si en alguna parte habla de lo que faltó aquí.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


